Cuando todo me huele a humo. Venezuela, la excusa del neoliberalismo.

VENEZUELA
Ilustración de Celia Asencio Bonilla

Llevo semanas de silencio. Necesitaba ese reposo, como siempre, ya sabéis que, afortunadamente, Manhattan Eterno no es un diario de noticias, es un espacio de encuentro, un espacio periodístico donde mi voz y mi pensamiento se enreda en dibujos y palabras, según el día, con análisis profundos o con literatura, para poder entender el mundo que nos rodea. Y así es como lo hago, a través de la meditación, del sosiego y la calma, intentar construir un relato desde la raíz para poder llegar al fondo de la cuestión. Lo intento de veras. Creedme. Hoy me destapo, una vez más ante ustedes, como un libro abierto, y es que Venezuela me duele, me hiere.

Después de leerme cien artículos (más o menos) sobre el tema, contrastar información y escuchar todo tipo de voces, sigo en la creencia de que Venezuela es el escaparate perfecto para este neoliberalismo que se mete en todas las esquinas del planeta sin prejuicio alguno. Todos hablan a favor o en contra, Maduro sí, Maduro no, según su ideología y su partido de aquí, para, además, dejar claro cuál es su posición con respecto ciertos temas nacionales. Todo se mezcla con todo, sin importar la profundidad y la complejidad de la cuestión, sin importar cuánto sabemos de América Latina, y, en especial, de Venezuela. Mientras tanto, millones de venezolanos están emigrando para poder salir de esta crisis profunda, para poder comer, vivir con dignidad, conseguir ir al médico sin morirse en el camino y alimentar a sus hijos.

Me duele. El mundo, definitivamente, me duele.

Y así, es como me armo con lo que mejor se me da, leer y escuchar, para ver qué leches está pasando con América Latina, con Venezuela, con EEUU, con Europa y con Juan Guaidó, con la gente que sale a la calle y con la polarización del país, aquí y allá.

Maduro, éxito, fracaso y boicot

Tenemos un país totalmente dividido, detractores y amantes del gobierno de Maduro. Si bien, los chavistas han caído en número (no como chavistas, sino como masa simpatizante de Maduro), a medida que pasa más tiempo más fuerte es la caída, no ayuda la crisis del petróleo, que se ha agudizado en estos meses, ni que Maduro no haya solucionado la inflación y la pobreza, así como tampoco los ataques de una Asamblea Nacional que busca cualquier respaldo internacional, un respaldo lleno de intereses comerciales y totalmente sujeto al capital. Lo cierto es que a la Asamblea Nacional el Tribunal Constitucional la consideró en desacato al querer legitimar diputados acusados de fraude electoral y tumbó algunos de sus poderes legislativos, para más tarde, dejarlos sin inmunidad parlamentaria.

En contraposición, no me atrevería a afirmar que la justicia es partidista, pero sí al menos ponerla en duda. De igual manera, también pongo en duda a la oposición, quien ha tenido la oportunidad de ganar y de participar en varias elecciones, como las de la Asamblea Constituyente, en las que Maduro, ante la ingobernabilidad de la situación, convocó unas elecciones para constituirla, una asamblea que reemplazara las funciones de la Asamblea Nacional. La oposición no quiso participar, dando la victoria al chavismo como consecuencia. La suma de todas estas circunstancias dan poca pluralidad al panorama político y una posible deriva autoritaria por parte del Gobierno.

¿Es justificable, por tanto, que Maduro al ver en riesgo su gobierno y la soberanía del país, con todas estas estrategias socioeconómicas dentro de la propia Asamblea Nacional, pueda derivar en una vertiente más autoritaria para poder defenderse de la política imperialista de EEUU?

No podemos obviar que la propia oposición está divida en cuanto a que muchos de ellos no están de acuerdo con algunas prácticas llevadas a cabo por el ala más radical, ya se sabe, aquella mangoneada por Estados Unidos, con toda intención de derribar a Maduro por vías extraelectorales, a través de golpes de estados por vía militar o a través de manifestaciones violentas organizadas desde la poltrona, también por medio de la propia política, de la misma Asamblea Nacional, haciendo ingobernable al país. Es indiscutible: a EEUU no le interesa, nunca le ha interesado, los gobiernos de izquierda de Latinoamérica; sus tentáculos han sido fuertes, a través de la economía, quita y pone cuando quiere y en el país que quiere (¡cuántas dictaduras militares de extrema derecha ha apoyado en América Latina…!), como ahora con las sanciones del petróleo.

¿Es justificable, por tanto, que Maduro al ver en riesgo su gobierno y la soberanía del país, con todas estas estrategias socioeconómicas dentro de la propia Asamblea Nacional, pueda derivar en una vertiente más autoritaria para poder defenderse de la política imperialista de EEUU? Para mí es la pregunta fundamental de toda esta cuestión. La democracia tiene ese riesgo, que nosotros mismos elegimos nuestra libertad o nuestra prisión, por lo que Maduro debería pensar bien cuál va a ser su línea de actuación y escuchar al pueblo que lo votó. Buscar una vía pacífica y democrática antes de que la situación sea irrevocable en términos humanos y políticos. Unas posibles elecciones podría ser la solución.

Elecciones, Maduro y la oposición.

Maduro fue elegido presidente en las elecciones presidenciales convocadas el 20 de mayo de 2018, unas elecciones llamadas por la propia Asamblea Constituyente (la creada por Maduro paralelamente a la Nacional cuando la justicia anuló mucho de sus poderes legislativos) y en cuyos procesos de transparencia estuvo una comunidad internacional; parte de ella puso en duda que fueran limpias al cien por cien, así lo declararon ante los medios, exponiendo que faltaron procedimientos que pudieran dar las garantías suficientes para el ejercicio democrático, sin embargo, esta minoría tampoco pudo afirmar y probar que fueran fraudulentas. Más bien parecía que se trataba de posicionarse políticamente que de un estudio detallado sobre dichos procesos.

Trump vio la oportunidad perfecta de sancionar al gobierno de Maduro, por lo que aparte de comprar menos, la mayor parte de los pagos van a cuentas controladas por la Asamblea Nacional, lo que deriva en que Venezuela sufre un bloqueo de dimensiones importantes.

¿Quiere decir que Guaidó, entonces, tiene legitimidad para poder autoproclamarse presidente de Venezuela ante este panorama? Según su constitución, el artículo 231 dice que el presidente de la Asamblea Nacional podrá representar la figura de presidente encargado siempre y cuando haya una “falta absoluta” del presidente o presidenta de la república por motivos de muerte, renuncia, incapacidad, abandono del cargo, o “la revocatoria popular de su mandato”. El problema es que hasta ahora ninguna de esas circunstancias se han dado claramente, ya que Maduro está vivo y presente, no ausente. Además, de que la procedencia de Guaidó es cuanto menos dudosa, lo curioso es que hasta hace bien poco era un político de segunda línea, la mayoría de los venezolanos no sabían quién era apenas hace unos meses (según una encuesta, el 80%). Por otro lado, la oposición tuvo su oportunidad de presentarse a las elecciones del pasado año, las que probablemente podrían haber ganado, pero en vez de eso, decidieron boicotearlas y llamar a la abstención.

Petróleo, ¿quién lo controla? Bloqueo y beneficio.

EEUU era y es el cliente que mayor compra a Venezuela. El 40% de su producción va para los norteamericanos, quien decide a quién paga y cómo paga. Trump vio la oportunidad perfecta de sancionar al gobierno de Maduro, por lo que aparte de comprar menos, la mayor parte de los pagos van a cuentas controladas por la Asamblea Nacional, lo que deriva en que Venezuela sufre un bloqueo de dimensiones importantes. Ahora, las empresas norteamericanas han visto un rayo de luz en su negocio, si todo va bien y Maduro cae, podrán tener una participación en la empresa petrolera. Llenar arcas, controlar, una vez más, a América Latina. Así lo declaró John Bolton, consejero nacional de la Casa Blanca y secretario del Tesoro, en una entrevista en la cadena Fox Business, quien literalmente expuso que “Sería una gran diferencia económicamente para EEUU si conseguimos que empresas petroleras americanas participen en la inversión y producción de petróleo de Venezuela. Sería bueno para el pueblo de Venezuela. Sería bueno para el pueblo de EEUU. Hay mucho en juego”.

Arabia Saudí, Yemen, Haití y la hipocresía de la comunidad internacional

Así que, ante todo lo expuesto, ¿podemos de verdad pensar que estamos capacitados para intervenir económicamente en un país y dejarlo sin recursos? ¿O para decidir quién sí y quién no es su presidente? Si bien me queda claro que el gobierno de Maduro puede derivar en una vertiente más autoritaria si todo sigue tal y como está sucediendo, también me reafirmo en que Venezuela tiene una oposición, la Asamblea Nacional, oportunista, corrupta de igual forma y que no ama a su pueblo como tanto presumen. ¿Cómo puede ser que le achaquemos a Maduro exclusivamente que su gente no tiene dónde comer mientras que estamos conformes con la decisión de Estados Unidos y la oposición de controlar y bloquear las cuentas, dinero que podría acabar con el hambre y la pobreza de miles de personas?

¿Cómo puede ser que no nos preguntemos qué intereses hay detrás de todo esto? ¿Estamos legitimados a decidir por Venzuela? Podría entenderse que la comunidad internacional se movilizase para que hubiera procesos de diálogo internos que facilitaran la gobernabilidad del país, pero el intervencionismo siempre es peligroso, sino miremos cómo ha quedado Oriente Próximo bajo el yugo de la OTAN.

¿Qué pasa con otros países del mundo? ¿No son dignos de ser el mismo centro de atención o incluso peor? Arabia Saudí es el país del mundo más peligroso para las mujeres, así como uno de los que más vulnera derechos humanos en términos generales. Está acabando con Yemen literalmente desde comenzó la guerra hace cuatro años, nadie ha puesto sobre la mesa tal desgracia, los yemeníes se mueren de hambre y de cólera. A pesar de todo seguimos negociando una y otra vez con AS, da igual cuántos derechos se vulneren, cuántas vidas perdidas. Eso no importa, lo que importa es el negocio.

¿Y qué pasa con Haití? ¿Y con la caravana que parte de El Salvador y Honduras? ¿Sigo? Dejemos a un lado nuestro eurocentrismo, nuestra hipocresía, nuestro egoísmo, nuestro partidismo, nuestra mente configurada como español que sólo lo extrapola a sus problemas nacionales. Pensemos de una forma más amplia y busquemos soluciones reales, pero esto que pasa con Venezuela me hiere.

Esto que pasa con Venezuela se llama neoliberalismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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