Navantia, Arabia Saudí, Yemen y un modelo de país nefasto

justicia
Ilustración de Celia Asencio Bonilla

No sé si os estaréis preguntando qué tiene que ver Navantia,  Arabia Saudí, Yemen y nuestro modelo de país, pero desde luego tiene mucho qué ver. Hoy arranco estas líneas desde el desconsuelo de ver a una España perdida, que podría haber salido de la crisis con otra cara, o al menos estar saliendo ahora, y no con la triste y cruda realidad que tenemos encima de la mesa. Hablemos claro, ¿cuánto de bien hemos ido estos años atrás? ¿Y ahora? No paro de escuchar que la política económica del antiguo gobierno pepero se basó en la disminución de la deuda pública y el déficit, y desde luego, según dicen, “eso ha conllevado unos esfuerzos por parte de todos, como los recortes”. Pero, ¿es realmente cierto?

En primer lugar, esto último es completamente falso. Al comienzo del gobierno de Rajoy, la deuda pública era de un 69,5% del PIB, tan sólo tres años después ascendió al 100%. El año pasado, España repitió como el país europeo con más déficit público según los datos del Ministerio de Hacienda. A pesar de los esfuerzos, la disminución de la deuda ha estado prácticamente anquilosada y se ha llevado, sin embargo, a mucha gente por delante: paro, empleos precario, recortes de todo tipo y pobreza extrema. Sí. Repasemos: ahora el 20% más pobre, es más pobre y el 20% más rico, es más rico; aumento del número de personas en riesgo de pobreza, ya hemos pasado a un 27,2% (estábamos en casi 26%, por si no era ya suficiente); más 62% en riesgo de pobreza energética en estos años desde el 2011, casi un millón novecientos hogares; del 23,5% al 27,8% de asalariados pobres y un 0,5% menos en presupuesto de sanidad y educación. España está en el puesto 23º de los 28 países de la UE si medimos lo que destinamos de dinero público a la educación, un 4,1%.

“Necesitábamos seguir empobreciéndonos mientras que las eléctricas del IBEX ganaron 9000 millones más el año pasado, un 8% más, y mientras que seguíamos con una transigencia descarada hacia las multinacionales y sus impuestos ridículos”.

Una gestión completamente nefasta, basada en la precariedad y en el clientelismo, en los favores hacia las multinacionales y en la no persecución del fraude fiscal a gran escala. Ese es el modelo de país que hemos heredado, no tuvimos suficiente con la burbuja inmoviliaria que nos explotó a todos en la época de Zapatero (daños colaterales de la época del señor Aznar), un PSOE que siguió fomentando las puertas giratorias, la crisis mundial que se nos abalanzó sin avisar y las pocas infraestructuras industriales. No. Necesitábamos seguir empobreciéndonos mientras que las eléctricas del IBEX ganaron 9000 millones más el año pasado, un 8% más, y mientras que seguíamos con una transigencia descarada hacia las multinacionales y sus impuestos ridículos. El 72% del fraude fiscal que hay en España lo llevan a cabo las grandes empresas y las grandes fortunas, así lo calcula Gestha (la organización que agrupa a técnicos de Hacienda).

¿Y? ¿Entonces? ¿Cuál es nuestro modelo de país? Sólo un modelo basado en el turismo, en la precariedad, en la condescendencia con los ricos, en los recortes económicos y en el  monopolio empresarial por parte de unas eléctricas que, si hurgáramos, no sabríamos hasta dónde podrían llegar sus tentáculos. Así pasa lo de Navantia, que tiene que venir Arabia Saudí a partir el bacalao aquí, a una empresa pública, y decirnos qué fabricamos, porque nosotros eso de diversificar la producción y no tener que depender de un país que vulnera constantemente los derechos humanos no está en nuestros planes. Claro. Eso de gestionar bien, de no depender miles de sueldos a la venta de armas a un país que está destrozando en términos absolutos a su vecino, eso no. Nóteseme una vez más el tono irónico, por supuesto.

“La ONU ha declarado la Guerra de Yemen como la mayor catástrofe humanitaria, veintidós millones de personas precisan ayuda urgente, tres millones han tenido que desplazarse dentro de su propio país y el cólera y la hambruna les ha invadido”

Yemen. ¡Qué decir de lo que pasa allí en estos momentos! Se me encoge el corazón, se me ponen los pelos de punta y se me inunda el alma de una tristeza indescriptible. La ONU ha declarado la Guerra de Yemen como la mayor catástrofe humanitaria, veintidós millones de personas precisan ayuda urgente, tres millones han tenido que desplazarse dentro de su propio país y el cólera y la hambruna les ha invadido.  Ya el Parlamento Europeo ha pedido que no se venda armas a Arabia Saudí, ¿y? Ahí seguimos, nosotros, Francia, Alemania, Reino Unido y España. ¡Cuántas cosas inconstitucionales hacemos! Ya que, díchose de paso, no sólo lo insta Europa, está en nuestra constitución. Así es.

No es lo único inconstitucional que seguimos perpetuando, tampoco cumplimos el garantizar el derecho a la vivienda, a una pensión digna y a unos servicios sociales que den cobertura total a la sanidad. Plasmo textualmente el artículo 50 de nuestra constitución: “los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizados, la suficiencia económica a los cuidados durante la tercera edad. Asimismo, y con independencia de las obligaciones familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán a sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio”.

Así, pues, pensemos en el modelo de país que queremos, en el fondo de la crisis de Navantia, en lo que vale nuestro voto, las políticas internas de un país, en lo importantes que somos individualmente para la conciencia colectica, en nuestros actos y en lo que podemos aportar.

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