Sevilla, Triana, Lole y Manuel y todo lo demás

También publicado en el digital lafronterahoy.com

flamenco rock
Ilustración de Celia Asencio Bonilla

Los coches pasean libremente por la calzada, el sol brilla en el río. La calle Betis se prepara para sus guiris y los barquitos descansan en la orilla del Guadalquivir. La gente corretea de un lado para otro, los comercios abren y los bares de desayuno ya están hasta arriba. Es un día cualquiera de un barrio neurálgico de la capital andaluza. Huele a arte, a agua dulce, a pescaito frito de la noche anterior. A cerveza fría. Se palpa la alegría en cualquier esquina, estamos en Sevilla, no es para menos, claro. Las palmeras sobresalen al otro lado de la ciudad, desde el Altozano, donde empieza Triana nada más salir del puente, hay vistas hermosas.

Triana se sabe y se siente por su historia, por su flamenco, por su cante y su toque. También por su dolor después del éxodo gitano. De Triana, Las Tres Mil a posteriori y de Sevilla, en general, salieron grupos tan inmensos como Lole y Manuel, Pata Negra, Triana o Veneno (el grupo de los Amador y Kiko Veneno por allá el año 75). Grupos que revolucionaron el flamenco, cada uno lo fusionó a su manera, lo adaptó a su forma. Eso sí, los pioneros no fueron otros sino Lole y Manuel, quienes empezaron en el 72 y quienes llegaron, por primera vez, a través de su forma de hacer a todos los públicos. El flamenco de Lole y Manuel es especial, especial por sus tonos, por la voz de Lole, por la letra de Manuel, que es hermosa y poética, por su conjunto tan peculiar y envolvente: bajo eléctrico, melotrón, arreglos arriesgados y búsqueda de las raíces árabes del flamenco. Ellos fueron quienes lo hicieron un estilo para todos, con un concepto totalmente innovador, con un grito a la esperanza, a la libertad y a las ganas de cambio.

En Sevilla nació la libertad del cante, del toque: la fusión revolucionaria con el rock o con el blues. El grupo Triana lo demostró con su mezcla de rock progresivo andaluz, allá por el 75

Por Triana hay que cantar El río de mi Sevilla mientras paseamos acariciando el contorno de la Giralda desde lo lejos. Sí, en Sevilla nació la libertad del cante, del toque: la fusión revolucionaria con el rock o con el blues. El grupo Triana lo demostró con su mezcla de rock progresivo andaluz, allá por el 75, con influencias claras de grupos como Pink Floyd o Caravan. El Patio, su primer disco, dejó boquiabierto a más de un purista, aunque ya venían del precedente de Lole y Manuel, quiénes estuvieron implicados en el proyecto hasta su formación definitiva.

No hay que olvidar que en el barrio de Triana es donde nació todo, aún aguarda en sus paredes el arte que fue fraguando a lo largo de la historia, cuando siglos atrás era nada más y nada menos que un barrio lleno de diversidad, multicultural, a las afueras de Sevilla. Allí conviveron judíos, gitanos, payos y árabes como hermanos y buenos vecinos. Se dice que de ahí nació el flamenco y a la vista está. La memoria sigue viva, no valió la represión del franquismo ni el traslado a Las Tres Mil o a San Pablo de las familias gitanas más antiguas y trianeras de Sevilla, debido a la mala gestión de los propietarios ricos y la especulación. Triana sigue sabiendo a arte, se huele, se palpa a pesar de haber vivido un éxodo y, ahora, la despersonalización del turismo más feroz.

De Las Tres Mil nació el disco Veneno, con el gran Kiko Veneno y los hermanos Amador, que posteriormente acabó en la división de los integrantes por separado y los Amador convertidos en Pata Negra con su blues-flamenco fusión. Tenemos en este rincón del mundo una gran riqueza cultural, musical, que no sólo fue la revolución del flamenco porque sí, sino que vino a decir muchas cosas. Éramos, entonces, en este pequeño lugar de España, un sitio con aires de modernidad, con compromiso por la libertad de hacer, de expresar, de sentir. Éramos andaluces, arraigados a nuestras costumbres, a nuestra tierra, pero sin perdernos demasiado, con la vista puesta en el futuro, con ganas de expresarnos, con ganas de sacar a flote nuestra expresión artística.

Camarón, Paco de Lucía, Kiko Veneno, Lole y Manuel, los hermanos Amador, Triana, Enrique Morente, Smash… Nombres que no son sino la expresión máxima de la revolución del flamenco.

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