Tecnología 3.0

Colaboración conjunta entre manhattaneterno.com y lafronterahoy.com para darle vida a esta serie: El mundo es un cuento chino.

tecnología
Ilustración de Celia Asencio Bonilla

China es un paraíso tecnológico. Desde que me bajé del avión, he avistado el futuro de Europa y del mundo varias veces. Seguramente se produzca de otra manera, pero todo lo que ya pasa aquí, llegará tarde o temprano. Eso sí, habrá que esperar, el resto aún estamos a la cola indudablemente. Cuando llegué, me dijeron: “tienes que cambiar de teléfono, con el que tienes no puedes descargarte Wechat y sin Wechat aquí es difícil sobrevivir”. No lo entendí muy bien, pero claro, a medida que fue pasando el tiempo, lo comprendí todo. Así que me compré un móvil que para mí era más parecido a un teléfono del futuro que a uno de principios del siglo XXI. Lo curioso era que, según los chinos, era uno bastante normal y de gama baja. Pero, ¡mi móvil nuevo se desbloquea con mi huella dactilar! Asombroso, pensé nada más verlo. Y aquello sólo fue el comienzo, el principio de toda una serie de cambios, como que el dinero en metálico aquí pocas veces lo veo entrar y salir en las tiendas o en los bares.

Ahí voy yo, con mi carterita a todos lados, sacando mis billetes de Mao y contándolos como hacen los abueletes de toda la vida. A veces me miran raro, supongo yo que pensarán que estoy anticuada. Y es que aquí se paga todo en código QR, cuando digo todo, es absolutamente todo. El súper ha incorporado ya una forma de pago mejorada a la de autoservicio que tenemos en varios almacenes españoles: tú vas, con tu carrito propio, a medida que echas los productos los vas escaneando. Al final, cuando terminas, le das a pagar todo y, entonces, la propia aplicación te genera un código que lo pasas por un escáner al salir. Listo. Es decir, sólo necesitas tu móvil, la aplicación y un escáner en la puerta de salida del súper. Punto y pelotas.

Cada día que pasa, pienso que los chinos son más alucinantes. Incluso los muy mayores ya están acostumbrados a manejar estos móviles todoterrenos del futuro sin ningún problema. Y yo, que sigo con mi cartera naranja como ya he comentado, me dibujo ridícula en un contexto que no siento como mío. Y me asusto. De ahí que en ocasiones agarre mi monedero con fuerza cuando voy a pagar, para reafirmarme y así sentirme segura, pues en ese momento cuando sé dónde está mi dinero y,  por ende, mi tiempo y mi vida. Todo esto de la tecnología me fascina, pero también me genera contradicción. Una aplicación tiene tu dinero, tus facturas, tus fotos, tus chats, tu vida en verso, hablando en plata. ¿Estamos realmente preparados? No me asustaría tanto si nos hubiera dado tiempo a una transición crítica, de mejora, de llenar los vacíos cibernéticos, de controlar mejor a las empresas privadas que trafican con nuestros datos, de construir medidas para proteger al consumidor…

Por otro lado, igual que la contaminación es una lacra en la sociedad de este país, aunque no se hable mucho de ella aquí, el Gobierno está empezando a invertir en ecología. Y que China lo haga no puede ser sino una magnífica noticia para el mundo. Los taxistas son mitad bombona de nitrógeno, mitad petróleo. Incluso me llegué a enterar el otro día que en Cantón provincia ya han construido un tren de hidrógeno que se pondrá en marcha el próximo año. La mayoría de la gente, además, funciona aquí con todo tipo de cacharros eléctricos, entre ellos, la bici, por lo que casi no se ven motos de gasolina de ningún tipo. No puedo olvidarme de los trolebuses, que también forman parte del entramado de Cantón.

Todo va rápido en este país asiático, sin duda.  Lo peor quizás es ver cómo las nuevas generaciones están sumamente enganchadas al móvil, me hace el corazón pedazos. Es terriblemente descarado, asfixiante, problemático, desolador, vacío, banal… Nadie mira a nadie, todo el mundo pendiente de una pantallita… Me pienso en Europa, y siento algo de alivio. Allí también ha llegado esta adicción, pero aún no es nada comparable con la de aquí.

En definitivas, como he dicho otras veces, en China todo es tan contradictorio que me deja boquiabierta. Tecnología 3.0, pero persisten hábitos como: echar aceite en la acera después de un duro día de trabajo en el bar; consumo bestial de todo tipo de plásticos; multitud de calles sin asfaltar en condiciones, con sus boquetarros; tuberías sucias, viejas y malolientes, etc… A veces, el ser humano es tan ilógico que no hay explicación posible. Así que nada, después de haber adquirido un móvil con huella dactilar, acostumbrarme a los códigos QR, a la aplicación supersónica del Wechat y todo lo demás, me di cuenta de que en casa no tenía lavavajillas. Por lo que sigo fregando sin más opción, tampoco tengo horno, ni vitrocerámica.

No es que los necesite de vida o muerte, pero me hace pensar en el sinsentido de este mundo chiflado, falto de muchas cosas, entre ellas, amor y cordura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s