¿No queremos ser mamás?

MAMÁS
Ilustración de Celia Asencio Bonilla

Pienso en mi madre, en mi abuela, en mi bisabuela, en mis amigas, en mis primas, en todas las que vengan y en todas las que están que jamás conoceré, en las que se sintieron solas, desprotegidas e impotentes. Pienso, pienso y pienso… ¡Y no me cansaré de pensar en simplemente ellas! Mujeres. Claro, para qué hablar más, ¿no? Aunque el mundo supuestamente vaya a mejor, líbrenme de la responsabilidad de ser yo quien contradiga las predicciones, la maternidad y la paternidad sigue siendo un interrogante en nuestra sociedad. Llevo unos días pensando sobre el tema, a decir verdad, desde aquella concentración del 8-M que, como muchas, me sentí identificada y emocionada, llena de ilusión, por una vez, después de todo. Sólo espero que tras aquel estruendo mediático, las mujeres no nos quedemos en nada, en cenizas tiradas al mar que se diluyen en el agua, disipándose en la eternidad.

Europa, el mundo y, en especial (a lo que voy, directa), mi país no protege a las mujeres. Algunos de ustedes podrán decirme que de morir tenemos, ya lo sabemos, pero el caso es que pocas veces se habla entre nosotras, queridas mujeres, de porqué seguimos tan poco representadas en las instituciones, de esas constantes discriminaciones en nuestro sistema de garantía social: uno de los temas estrellas, la maternidad. Si bien es cierto que viene dado por el gran número de hombres de las cavernas (porque hombre no implica no ser feminista, o no tener sensibilidad para ponerse en el pellejo de la otra persona) muy por encima al de las mujeres trabajando en cargos públicos. El feminismo viene para quedarse, escuché una vez. Desde entonces, he hecho mía esta sentencia lanzada al aire. Y así espero que sea, por supuesto. Pero para poder llegar a realizar esta especie de profecía laica, las palabras no pueden llevárselas el viento. Debemos ser activas, y activos, porque el feminismo, como ya sabemos, es de mujeres y hombres libres que luchan por un sistema social más igualitario y justo, ecologista y lógico con el flujo de la vida. Y como en toda esta parrafada no he descubierto la pólvora, solo he recalcado lo evidente, decir que, tristemente, lo evidente a veces se esfuma del discurso oficial, así como desaparece de las conversaciones de la calle, de la gente y, en consecuencia, del pensamiento colectivo.

Pero todo se ve, como siempre, mejor en datos: España sigue siendo de los países de la Unión Europea que menos hijos trae al mundo al año. ¿Por qué? ¿No queremos ser mamás? (partiendo de la base de que legítimamente no todas las mujeres quieren ser madres, dueñas de su cuerpo) Las españolas, como mujeres del mundo, no somos menos en sentir este afecto maternal, natural, precioso y profundo que otras mujeres del Planeta Tierra tienen en su ser. Más bien, nos ha llevado por delante un cúmulo de circunstancias que catalogaré como desafortunadas, las principales: la brecha salarial y la discriminación en el trabajo. Si no partimos de reconocer nuestros errores, no solucionaremos nuestros problemas. ¿Por qué a tantas mujeres les cuesta reconocer que seguimos estando en un segundo plano?

Aquel/aquella que piense que no es machista, mírese al espejo, yo lo pensé mil veces, soy consciente de que tengo metido hasta las entrañas patrones de conducta que la sociedad me ha inculcado.

Pero no me entretengo más, sigo con los datos: todavía en el 2015, apenas tres años atrás, la cadena SER publicaba que 60.000 mujeres sufrían discriminación por embarazo o maternidad, hoy, en el 2018, aún las cosas andan parecidas. Sino lean, como por ejemplo, este mismo artículo del diario El País, detallado y directo. Desgraciadamente, somos carne de cañón: ¿quiere usted ser madre? Pues, está usted en la lista negra, esa lista que hacen las empresas para diferenciarla del resto de los mortales. ¡Abrid los ojos, mis queridas y queridos! No somos iguales, no. De momento, no.

Hoy, quisiera lanzar una reflexión a mi generación, a esa que todavía puede ser madre, que quiere serlo y no puede, que no sabe cómo hacerlo, o que las circunstancias no la dejan. Nos movemos entre la presión social sutil (aquella que te recuerda que eres un ser reproductor) y el descuido de nuestra ley, de nuestro Gobierno, de nuestras empresas, de la sociedad y de los que nos rodean (aunque no ellos no lo sepan). Aquel/aquella que piense que no es machista, mírese al espejo, yo lo pensé mil veces, soy consciente de que tengo metido hasta las entrañas patrones de conducta que la sociedad me ha inculcado.

Más si no nos miramos a nosotros mismos, sino hacemos ejercicio de introspección.

No podemos consentir que aún la baja maternal sea desigual con respecto a la paternal, básico y necesario para comenzar a dar nuestros primeros pasos. No podemos estar solas en casa pensando dónde está la tía, la abuela y la vecina (o el tío, el abuelo y el vecino) para poder ser madres. ¿Y el padre? El padre en casa, con nosotras, con nuestros hijos, cuídandolos, fifty fifty, repartiendo nuestro tiempo, sin sentirnos solas y todoterreno que podemos con todas las sobras que nos echen.  Sin paralizar nuestra vida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s