‘Homenaje a Cataluña’, Orwell y la importancia de su obra hasta nuestros días

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Orwell en la Guerra Civil, el más alto con el brazo en cabestrillo

Fue Eric Arthur Blair, verdadero nombre del autor, quien escribió uno de los relatos más valiosos sobre la Guerra Civil española, un homenaje a Cataluña por su lucha en las milicias del POUM y sus vivencias en la Barcelona revolucionaria de aquella época. Analizamos la obra de George Orwell y su vigencia en la actualidad.

Orwell llega a España en 1936 para cubrir como periodista la Guerra Civil, aunque enseguida entiende que la República necesita ayuda, que el avance fascista está apoderándose de muchas regiones españolas y que el mundo que él quiere que triunfe puede caer definitivamente bajo las garras de un totalitarismo franquista.  Decide, pues, luchar con las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), cuyos líderes fueron los intelectuales Andreu Nin y Joaquín Maurín, un partido abiertamente antiestalinista, de ahí que Orwell, a raíz de aquella experiencia, vuelva a casa con unas ideas políticas distintas con respecto a su llegada a España, en sintonía con la realidad gris del momento.

Si empezamos por el principio de la obra, describe una Barcelona revolucionaria, donde la clase obrera ha tomado “las riendas” de las estructuras sociopolíticas y económicas de la ciudad, según el autor “los anarquistas seguían manteniendo el control virtual de Cataluña, y la revolución estaba aún en pleno apogeo”.  Cuenta como muchas profesiones, entre otras la de limpiabotas, son colectivizadas y las distancias entre clases son anuladas e intercambiadas por un ambiente mucho más democrático e igualitario. Son las primeras páginas del libro, George Orwell nos hace de ventana para poder mirar al pasado con otras historias, descripciones y anécdotas. A partir de ahí, los relatos que suceden a este primer capítulo no son sino historias del Frente de Aragón y sus vivencias en la miseria y el frío.

El escritor pronto se da cuenta de los matices, de las diferencias y de las verdades del bando republicano, que como hemos de saber, fuera del ámbito oficial educativo, no constituía un bando en sí, más bien podemos hablar de una amalgama de partidos y sindicatos que no querían ver triunfar el ala franquista y que luchaban por la libertad de clase, y es aquí donde recae todo el peso, o así lo hace saber Orwell: “La milicia en sí era revolucionaria. El Frente de Aragón conservó este carácter hasta junio de 1937. las milicias de trabajadores, basadas en los sindicatos y compuestas por hombres de opiniones políticas más o menos iguales, originaban la concentración del sentimiento más revolucionario del país”.  El autor destaca a lo largo de la obra este carácter de las milicias, especialmente la del POUM, en un intento de hacerle saber al mundo que desde el principio la resistencia proletaria, esta madeja de colores entre la izquierda, anarquistas y marxistas, entre otros, fueron una de las resistencias más fuertes en contra del avance fascista y, a su vez, la más derrotada (y principalmente por la propia izquierda no revolucionaria, el Partido Comunista de España y el Gobierno Republicano). De esta manera, en Cataluña no sólo había una guerra, sino una guerra dentro de otra. Con la lucha antifascista no se quería librar una batalla, sino, en provecho de las circunstancias, que la clase obrera hiciera su revolución.

La clase obrera está martirizada, castigada, no sólo por el sistema político y social del país sino también por las distintas crisis económicas que trajeron más hambre y enfermedades en las capas del proletariado

Y es que la clase obrera venía de siglos de hostigamiento, de miseria, de hambrunas, de no gozar de derechos ni privilegios… El autor de la ‘La Mano Negra’, Juan Madrid, en su obra habla de como España es un país de feudos, inclusive en el siglo XX. La clase obrera está martirizada, castigada, no sólo por el sistema político y social del país sino también por las distintas crisis económicas que trajeron más hambre y enfermedades en las capas del proletariado, especialmente en Andalucía. Con todo eso, Andreu Nin en la obra ‘La revolución española’, un conjunto de artículos suyos editados y recopilados por el historiador Pelai Pagés, describe el panorama una década antes de la Guerra Civil, donde cuenta como el fascismo estaba al servicio de la burguesía. Según Nin, “después de las grandes luchas de 1917-1920, la clase obrera estaba cansada y decepcionada. Las represiones, el terrorismo, el paro forzoso, el ataque de la burguesía contra las mejoras obtenidas durante largos años de lucha heroica, y los esfuerzos anteriores la habían agotado”. Una década después, la República está agotada, una república burguesa, insuficiente, cuyas medidas no fueron sino en detrimento de la clase obrera: “La clase trabajadora de Cataluña y la clase trabajadora de España no luchan por la república democrática. La revolución democrática en España hasta ahora no se había hecho. Cinco años de república y ninguno de los problemas fundamentales de la revolución española se había resuelto”.

Efectivamente, en España y, especialmente, en Cataluña, la burguesía hasta ese momento había tenido el control; en 1936, todo tornó a otro color, como dice Orwell volviendo a ‘Homenaje a Cataluña’, incluso “la Iglesia en Cataluña y en Aragón era pura y simplemente un fraude”, por lo que quedó sustituida por el anarquismo. El escritor pasó por todo tipo de penurias, piojos, hambre o escasez de armas, aunque él mismo destaca que lo que más recuerda por la dureza del momento es el frío. Orwell deja claro que las milicias hicieron cuanto pudieron, la falta de armas en general hace que no pudieran hacerle frente con ventaja al bando franquista, aunque sin embargo, “éstas tuvieron que contener al enemigo mientras el Ejército Popular se adiestraba (…) Las milicias permanecieron en el Frente hasta 1937 por la lealtad de clase”.

Pero los días de gloria pasaron, el Ejército Popular se hace fuerte y Cataluña cambia, vuelve la desigualdad y el control del Gobierno republicano sobre partidos revolucionarios como el POUM o sindicatos como la CNT. No sólo en Cataluña hay esta represión, se persigue por toda España, en tierras controladas por el Gobierno, a todo aquel que ha pertenecido a las milicias del Partido Obrero de Unificación Marxista, con la excusa, eso sí, de que servían para el bando fascista. Cualquier motivo fue válido pese a que fuera voz pópuli que era una de las patrañas impulsadas por los agentes de Stalin y su comunismo oficial, fiel servil a sus intereses.  La persecución para quitarse de en medio a la CNT o al POUM dieron lugar a estas palabras en la obra de Orwell: “La conciencia política se interesaba mucho más por la lucha intestina entre anarquistas y comunistas que por la guerra contra Franco”.

Prefacio de Orwell, conclusiones de la obra

George Orwell llega decidido a una España en guerra para escribir sobre el panorama, aunque, como se ha descrito con anterioridad, pronto ingresa en la milicia del POUM. Él mismo reconoce que en los primeros momentos, su idea no era más que la de un inglés que quería luchar por la democracia y en contra del gigante fascista. Sin embargo, no tardó en analizar la situación española, Franco no era comparable a Hitler o Mussolini, Franco había dado un golpe de Estado con el apoyo de la Aristocracia y de la Iglesia en un intento de restaurar una España (dentro de sus posibilidades) feudal. Franco se tenía que enfrentar a la clase obrera y a la burguesía más liberal, aunque ésta misma, curiosamente, fue una de las capas sociales que apoyó el fascismo cuando “éste aparece de una forma más moderada”, según Orwell. De hecho, el autor sigue: “El verdadero opositor de Franco no fue el Gobierno sino los sindicatos”. El escritor explica como, cuando se produjo el levantamiento, los trabajadores organizados de las ciudades llamaron a la Huelga general y reivindicaron armas a los arsenales oficiales, “de no haber actuado de manera espontánea y más o menos eficiente, es probable que nunca se hubiera podido parar a Franco”, reitera.

Orwell insiste en sus líneas en que los socialistas y anarquistas no lucharon y tomaron las ciudades más importantes del Este por una “democracia capitalista” sino por una auténtica revolución de base, cambiar la situación de la clase obrera y sus desigualdades, el Gobierno actuó de una forma pasiva, cuyos ministros, algunos, incluso se negaron a entregar armas a la clase trabajadora, paradójicamente, ya que sin éstos el país apenas hubiera tenido resistencia. El capital extranjero había hecho fuertes inversiones en España, por lo que las versiones oficiales fuera de las fronteras españolas eran claras: Para los antifascistas, democracia frente a fascismo; para los fascistas, patriotas cristianos frente bolcheviques. Es una de las críticas más fuertes del autor a lo largo de la obra, ya que Orwell destaca la preocupación de la burguesía republicana capitalista en no perder todo ese capital, y la única manera era frenar la revolución, frenar un auténtico cambio.

El escritor se muestra tajante con la izquierda de aquel momento, internacional y española, tanto por las mentiras contadas en los periódicos más liberales europeos como por las actuaciones del Gobierno republicano

El escritor se muestra tajante con la izquierda de aquel momento, internacional y española, tanto por las mentiras contadas en los periódicos más liberales europeos como por las actuaciones del Gobierno republicano en detrimento de todo ese movimiento no sólo antifascista sino revolucionario. “Primero, se expulsó al POUM de la Generalitat; seis meses más tarde, Caballero fue reemplazado por Negrín, socialista de derechas; poco después, la CNT fue eliminada del Gobierno; luego la UGT; posteriormente la CNT también tuvo que apartarse de la Generalitat; por fin, un año después del estallido de la guerra y la revolución, existía un gobierno totalmente compuesto por socialistas de derechas, liberales y comunistas”.

Escena de la película Tierra y Libertad del director Ken Loach, inspirada en la obra de Orwell.

Vigencia en la actualidad

Queda claro que a lo largo de la historia, en épocas de crisis, el sentimiento revolucionario aflora, como pasó en el 15-M, o ahora en Cataluña con la cuestión independentista. Orwell nos enseña en su obra ‘Homenaje a Cataluña’ cómo la burguesía liberal se quiso apoderar del proceso revolucionario para, después de una supuesta derrota al fascismo, instaurar su democracia capitalista. En época de crisis, los fantasmas resurgen, la corrupción se hace visible y los partidos políticos luchan por su supervivencia, como pasa en España en estos momentos, donde hay una confrontación de fuerzas. Principalmente, de la gente que más ha sufrido los recortes, la corrupción y la desmejora de sus condiciones de vida, agarrarse al independentismo como un problema del adversario, tanto desde dentro como desde fuera, puede ser el manto de la superficie, pero debajo, en el fondo, sigue habiendo la misma lucha de clases que hace ochenta años, que toda la que hubo a lo largo del siglo XX, y la misma necesidad de la burguesía liberal, tanto catalana como estatal, de liderar esa revolución, para no morir ni durante ni después.

 

 

 

 

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