Una España rota por muchos boquetes

2017-09-20 21.03.48

Estaba hoy decidida a escribir mi nuevo artículo para la sección de cultura y política, del que, por cierto, estoy trabajando a fondo para sacar todo el jugo (lo veréis esta semana, con suerte mañana) pero mis dedos, una vez sobre el teclado, me han llevado radicalmente a escribir para la sección de opinión, sin más remedio claro. Los altercados de esta España mía, con los medios de comunicación al rojo vivo, y no me refiero al programa, con la cuestión catalana y lo que mis ojos leen, por otro lado, gracias a la prensa más modernizada de nuestro país que sobrevive en Internet, sobre lo que este Gobierno fuera de tiempo hace a nuestras espaldas, no han provocado en mí sino un remolino de sentimientos poco agradables sobre nuestro panorama actual.

En un golpe de suerte, encuentro las palabras de Carmena y Colau anoche en el Intermedio, quienes dieron un mensaje esperanzador en mitad de esta nube negra, la representación máxima de la nueva política, guste o no. Creo que es indiscutible. Por lo que me he inspirado para escribir estas palabras, unas palabras que tratan de calmar mi agonía cansada, y eso que mi corta edad no debería de permitirme este hastío, a veces imparable cuando observo a través de las diferentes pantallas a la vieja política. Y lo digo con conocimiento de causa, soy una de esos y esas jóvenes que nos hemos marchado por la falta de oportunidad, habrá quiénes me digan: “Pero, ¿no lo has intentado por Madrid? Allí hay trabajo”. Claro, hay, pero por dos duros y no para todos los sectores. Trabajos precarios, si llega a mil euros. No sólo mi espíritu aventurero me lleva a todos esos sitios lejanos… Lo que cuento aquí es una realidad, se acepte o no.

Toda la pasta inyectada (permítanme el vocabulario coloquial) a la banca está casi en su totalidad más que perdida, sí. Aunque he de decir que es lógico, ya que se vendió por dos duros al mejor postor

Y después, tengo que leer cómo encima el Partido Popular (sigan, sigan votándoles ustedes) hace de las suyas por detrás, como puñaladas traperas, quemando todos los cartuchos, cansando a la gente… Lo que más me duele es que no estemos todos en las calles cada segundo reclamando un nuevo país. ¡Da vergüenza! Sí, vergüenza. Para más inri, en mi hora rutinaria de búsqueda de información, encuentro el artículo “Todo lo que ha pasado mientras mirabas a Cataluña” como recopilación de una serie de infortunios, si no tienen tiempo para leerlo, aquí mismo os resumo parte de lo sucedido: En primer lugar, toda la pasta inyectada (permítanme el vocabulario coloquial) a la banca está casi en su totalidad más que perdida, sí. Aunque he de decir que es lógico, ya que se vendió por dos duros (de nuevo) al mejor postor la banca privada que previamente habíamos rescatado con dinero público. En segundo lugar, nos hacemos más amigotes de Arabia Saudí comprometiéndonos con un acuerdo para la “protección mutua de información clasificada”… Pero con Arabia Saudí sí que podemos negociar, allí los derechos humanos no peligran, no, ¡qué va! En tercer lugar, Gallardón imputado en Lezo, corrupción, más corrupción… Y no sigo, lean ustedes el artículo, no tiene desperdicio.

Un Gobierno que no ha hecho otra cosa que romper a España por muchos boquetes, donde no han hecho política para los jóvenes, alardeando de que han construido puestos de trabajo, ¿a costa de qué señores políticos? Yo los llamaría puestos de mentira, donde no hay ninguna garantía para el trabajador, ni para las pequeñas ni medinas empresas, las más importantes en el sector privado. Un Gobierno que ha institucionalizado la corrupción, y esto es verdaderamente grave, porque institucionalizar implica haber llevado la corrupción a la política desde dentro, desde el fondo y haciendo un uso bastante deprimente de nuestros impuestos, esfuerzos como ciudadanos y nuestra red pública. Un Gobierno que no dialoga para que los catalanes se queden, ¡sigan ustedes con la política del miedo y del odio, señores políticos! No voy a defender la actuación populista del Govern de la Generalitat porque discrepo enormemente, pero tampoco puedo olvidar que el Partido Popular llevó al TC en el 2006 el Estatuto catalán que los catalanes habían aceptado previamente, y no sólo los catalanes, sino España y el parlamento de entonces.  Ahora, señores del Partido Popular, arreglen esto, pero no de esta manera. Llamen al diálogo, pero al de verdad, al abierto, buscando una respuesta territorial, saciando las necesidades de nuestra amada comunidad autónoma catalana.

¿Qué más hace falta para que comprendamos que este Gobierno rompe España?

No nos representan.

 

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