Ergaki, crónica de un viaje por el sur siberiano

Siberia, en su profundo bosque, está tan olvidada como lejos del mar, una tierra inmensa y desconocida para nosotros. Sus kilómetros de  montaña y de estepa la hacen fascinante e infinita. Pero, ¿qué sabemos de Siberia? ¿Y de sus pueblos? Este territorio enorme, situado en la parte oriental y asiática de Rusia, está dividido en tres distritos federales: Distrito Federal del Ural, Distrito Federal de Siberia, Distrito Federal del Lejano Oriente.

Así, Ergaki está situado al sur del Distrito Federal de Siberia, en concreto, perteneciente al Krai de Krasnoyarsk. Debemos saber que la división territorial en Rusia se compone de tres tipos: óblast, krai y república. ¿Qué diferencia hay? Lo dependientes que sean estos territorios del Estado, es decir, el óblast y el krai tienen menos competencias administrativas que una república, ya que éstas tienen su propia constitución y tienen, además, instituciones republicanas, un presidente y un parlamento, como derecho a establecer su propia lengua oficial. Aunque, a su vez, las repúblicas de Rusia carecen de soberanía, por lo que no pueden declararse independientes.

Gran parte de los pueblos indígenas están en peligro de extinción, ya que la ley los respalda poco, sólo algunos están más protegidos debido a su división territorial

Rusia es tan grande que rusifica a su paso. Siberia y sus territorios son ricos en diversidad cultural, la pena es que gran parte de estos pueblos indígenas están en peligro de extinción, ya que la ley los respalda poco, sólo algunos están más protegidos debido a su división territorial, por ejemplo, las repúblicas, las cuales gozan de los derechos mencionados anteriormente. ¿Cuál es el problema? La industrialización en mitad del siglo XX hizo que perdieran sus tierras, además de que la mayoría se vio obligada a abandonar sus lenguas y sus costumbres por la rusificación de la época, y hoy por hoy debido a la amenaza medioambiental, por los hidrocarburos y por la exportación de madera. Sus derechos siguen sin reconocerse. De cuarenta millones de personas sólo quedan un 10% de pueblos indígenas.

Dicho esto, hay que decir que Ergaki es un paraíso natural, montañas nevadas y extensos bosques de pino siberiano. Para poder llegar desde Krasnoyarsk a esta parte del Krai, hay que pasar cerca de Abakán, capital de la República de Jakasia. Cuando haces este recorrido te das cuenta de los diferentes rasgos que hay en la región, rasgos asiáticos, en concreto, mongoles. El primer día, todo fue viento en popa y llegamos después de estar casi ocho horas metidos en el coche por aquellas carreteras nacionales a la antigua usanza y los conductores como locos adelantándose unos a otros. Los accidentes de coche están a la orden del día.

Hicimos la primera parada para comprar pan y ajustar los últimos detalles, estábamos cerca pese a que todavía quedaban un par de horas. Lo que me sorprendió fue que en casi todo el camino sólo había pueblos sencillos, para nosotros aldeas, de pocas casas y donde casi siempre solía haber una fábrica en medio. Me encontré este señor caminando por aquellos llanos de tierra, con su bolsita de pan, en aquel territorio prácticamente abandonado.

DSC01079

Al igual que Europa hizo y deshizo durante todo el siglo XX, Rusia  ahora se desentiende del medio ambiente para poder crecer económicamente

Algunos poblados, o aldeas, como queramos llamarlos, tienen su esencia, ya que sus casas responden a la construcción tradicional de la zona, la madera. Otros son edificios de tipo soviéticos, grises y desamparados en aquellas largas extensiones de estepa. Y todos con su chimenea de humo en medio, como el punto de referencia. Esto se ha convertido en un paisaje totalmente típico tanto en las grandes ciudades como en el campo. La industrialización soviética, mantenida en la actualidad, es tan evidente que en cada esquina hay muestras de ello. Al igual que Europa hizo y deshizo durante todo el siglo XX, Rusia  ahora se desentiende del medio ambiente para poder crecer económicamente, aunque esto se merece otro artículo, ya que hay que debatir largo y tendido.

Siguiente parada, ya cerca de Ergaki. Naturaleza infinita.

DSC01086
Carretera hacia Ergaki

 En todo este paraje natural sólo se puede observar la diversidad de la zona, sus insectos, sus pinos, sus montañas, su olor, el color… Sus contrastes. Entre la estepa y las montañas, encontramos abedules a lo largo de kilómetros y kilómetros, pero el pino siberiano es el protagonista de los bosques y de las montañas de Ergaki. En esta parada, uno de los coches se averió, por lo que tuvimos que bajar y esperar a ver qué pasaba, mientras, café y pastas para aguantar las horas de camino y el calor.

Arrancamos no mucho después y… ¡Llegamos! Ya estamos. Al fondo, Ergaki.

DSC01094
En el camino a Ergaki

Al llegar, nos colocamos nuestras mochilas y empezamos a subir la montaña, tres horas caminando y parando para no caer rendidos encima de los troncos. En el camino, el barro y el riachuelo nos perseguía a cada paso, y casi llegando a nuestro objetivo, una pradera con una diversidad floral alucinante me cautivó.

Y por fin llegamos al lago de agua transparente. Ahí montamos el campamento. La belleza del paisaje dejaba una estampa de película.

DSC01102DSC01100DSC01122

Observé como, aisladamente, familias y amigos tenían sus campamentos montados alrededor del lago, alejados unos de otros. Bebían y cocinaban gracias a él. Nosotros hicimos lo mismo, montamos las tiendas y enseguida parte del grupo fue al lago a coger agua con cubos para preparar borsch, la típica sopa rusa de remolacha. Hacer una fogata también fue de las primeras cosas, ya que según los rusos, espantan a los osos pardos de la zona y estamos seguros si huelen a comida. También, nos contaron que el año anterior había habido un ataque y una chica joven murió, por lo que ellos sabían cómo debíamos hacer las cosas y nosotros nos dejamos guiar.

DSC01124DSC01120

Entre vodka, vino y charlas, unos como pudimos y otros en ruso, estuvimos alrededor del fuego parte de la noche. Como siempre el fuego nos atrapa, nos reúne, nos une y nos consuela. Aparentemente, la zona estaba cuidada. Pregunté al biólogo del grupo si causaba un daño irreparable lo que hacíamos, o lo que más bien los rusos tienen por costumbre hacer en Ergaki. Según él, está bien que el ser humano conozca su tierra y la quiera, para que así la respete, pero también es lógico que los sedimentos de carbono, debido al fuego que hacemos los distintos grupos, se queden en los lagos, que, en principio, no debería suponer ningún peligro. También comentó que es irremediable que el ser humano deje impacto en la naturaleza y que ésta debe ser estudiada.

Al día siguiente, nos despertamos, desayunamos fuerte y subimos 16 kilómetros hasta la cima de la montaña, aunque yo, particularmente, hasta la punta no llegué, mis piernas andaban tan cansadas que me quedé durmiendo encima de una piedra enorme, al sol, sintiendo la naturaleza viva. Las vistas que podíamos divisar eran tan hermosas que aquí quedan para la posteridad.

DSC01134

DSC01147DSC01151

Al llegar del largo camino, nos bañamos en el lago, aunque menos de cinco segundos, ya que el agua está tan fría que duele el alma. Se congela la sangre. Esa noche nos dormimos pronto, la lluvia llegó y con ella la tormenta. Al despertar, milagrosamente el barro no inundó nuestro campamento y pudimos recoger bien y bajar hasta los coches. Esta vez, fueron dos horas.

Parte de nosotros tuvimos que volver en transporte público, así, esperamos hasta que nos recogió una marshrutka, lo que para nosotros es un autobús pequeño, donde la diversidad cultural era evidente. Llegaron los rusos de Tuvá, la república que linda con Mongolia. Y con ellos, sus cantos guturales, alguna canción que otra pudimos escuchar en la furgoneta rusa. El paisaje de la estepa y sus abedules nos acompañó todo el tiempo.

Esta vez nos dejaba en Abakán. Al bajarnos, contemplamos una vez más la sovietización de la ciudad, edificios de corte rígido, decadencia y rasgos asiáticos. Nos cambiamos de estación para poder coger un autobús a Krasnoyarsk, pero allí un taxista negoció con nosotros y pudimos volver en su coche por el casi mismo dinero.

Por el camino, me encontré a estas ovejas tan simpáticas. Allí, en su cárcel pegada a la carretera, intentaban hacerse oír.

DSC01161

Un viaje de reflexión, donde hemos conocido una tierra rica en naturaleza, diversidad cultural, minerales, materias primas… Me pregunto si podrán mantener esta riqueza a salvo de toda esta industrialización o si dejarán desaparecer los pueblos indígenas que han hecho de Siberia una tierra exótica y maravillosa.

Hago una recomendación antes de terminar, al grupo musical Yat-Kha, de la República de Tuvá, quienes se caracterizan por los cantos guturales típicos de la zona, pero mezclado con electrónica étnica e indie.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s