La teoría del bien común y cómo se configura nuestro mundo

Es difícil plasmar en unas pocas palabras lo que Christian Felber, profesor de universidad de economía, escritor y divulgador, lleva investigando y propulsando desde hace años. Pero antes de nada, antes de explicar en qué consiste la teoría del bien común, deberíamos analizar nuestro contexto para poder reforzar la idea de este joven austriaco y entender la raíz de este planteamiento. ¿Cuál es nuestro contexto social y económico actual?

En primer lugar, por mi experiencia propia, cada vez que se debate en familia o entre amigos sobre cómo deberíamos solucionar nuestros problemas económicos, sociales y medioambientales siempre llega el miedo y la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos construir sociedades más igualitarias y cuidar nuestro medio ambiente sin perder nuestra libertad económica? Porque claro, ¿qué pasó con los países que llevaron a la práctica el comunismo? Está visto que esa meta es una utopía y no estamos dispuestos a dejar de tener dos coches para tener sólo uno si mi economía lo permite. Y después de este pensamiento, todo se desvanece en la nada, como pensamientos lanzados al aire que nos llevan a la desidia y aceptar un mundo injusto, si es que… Ya lo venían diciendo, el ser humano es egoísta y codicioso por naturaleza. Y aquí me planto, yo sólo quiero vivir tranquilo. Y, ¿vivimos en total libertad? ¿Gozamos de esa tranquilidad? ¿Ahora es cuando de verdad pensamos que hemos llegado al culmen de nuestras libertades individuales y económicas? ¿Hemos pensado cuántas horas trabajamos a la semana y cuánto tiempo libre disponemos? ¿Hemos recapacitado y pensado que estamos pagando con nuestro tiempo todo nuestros bienes materiales? 

Muchas preguntas, muchas. Sí, en efecto. Pero lo más importante, ¿sabemos realmente qué índices de desigualdad hay en el mundo? ¿Incluido un país como España? Ante esto mi reflexión es completamente diferente, además de que pienso que estamos en un momento de total declive y que, por supuesto, ni somos libres económicamente ni tenemos capacidad de decisión de mejorar nuestras vidas personales, ya que el sistema no está preparado para eso. No por tener un ordenador, dos coches y una hipoteca somos libres económicamente, puesto que hay una minoría tan rica que no nos permitirán jamás en el sistema actual a acceder a una serie de derechos avanzados, como no trabajar más de 20 horas a la semana y poder disfrutar de nuestra familia, manteniendo una cierta calidad de vida. ¿Por qué? 

Nos han vendido la idea de que un mundo más justo conlleva a que dejemos de tener dos coches para tener uno, cuando realmente el problema no es la mayoría sino la minoría. Como bien dice el informe de Oxfam, Una economía al servicio del 1%, una minoría privilegiada oculta 7,6 billones de dólares. Oxfam-Intermon ha analizado 200 empresas, las más grandes del mundo, de las cuales nueve de cada diez tienen presencia en paraísos fiscales. Además, habla de la gran desigualdad de salarios, especificando que, por ejemplo, presidentes de las principales empresas de EEUU han crecido un 54,3% desde 2009 o que el presidente de la empresa principal de tecnología de la India gana 416 veces más que un trabajador medio de esta misma empresa. 

Nos han vendido la idea de que un mundo más justo conlleva a que dejemos de tener dos coches para tener uno, cuando realmente el problema no es la mayoría sino la minoría

El problema es claro. La mayoría debemos trabajar 40 horas a la semana o más (según) para poder pagarnos un piso o una casa y cuantas cosas más queramos acceder, pero nuestra libertad individual está coaccionada, no tenemos tiempo para estar con la familia y para llevarlo todo hacia delante. Y eso si encontramos trabajo, porque ni siquiera es un derecho que a día de hoy se cumpla, muchos jóvenes siguen en el paro o si consiguen un trabajo su salario es bastante pobre para gozar de un mínimo de calidad de vida que no consista sólo ir del trabajo a casa y a duras penas llegar a fin de mes. La riqueza media de los hogares españoles con cabeza de familia menor de 35 años cayó un 94%.

Todos podríamos tener un coche, una casa, tiempo para la familia, viajar y tener tiempo libre al mismo tiempo que podríamos trabajar menos y seguir disfrutando de nuestros derechos del Bienestar como, por ejemplo, sanidad universal pública y educación de calidad gratuita. Y no estoy hablando de una sociedad totalmente equitativa, como se refugian algunos en contra del comunismo, porque esto no es una declaración de intenciones comunistas donde se vende la idea de que todos debamos tener una casa y no dos, porque seguramente vendrá la típica pregunta de aquel que tiene su negocio, ¿y yo que soy autónomo y las cosas me van bien? ¿Por qué no voy a poder tener mi casa en la playa y mi coche Mercedes? Claro, yo digo que sí. No se trata de eso, siempre y cuando tu libertad como individuo no limite la mía. Si tu libertad económica no restringe mis derechos en sociedad y permite que yo goce de mi tiempo libre y trabaje con un mínimo de calidad de vida, entonces no me parece mal.

Aún así el verdadero problema no es el empresario de la pequeña o mediana empresa, ni incluso de la grande si actúa en consecuencia y con lógica. El problema es la concentración de poder, ahora sí es cuando podríamos decir que para que haya multimillonarios en el mundo, evadiendo impuestos y disfrutando de todo un tren de vida inalcanzable para la mayoría, y hablo de una riqueza impensable y no de aquel que quiere su Mercedes, debe haber gente muriéndose de hambre o una crisis que no da trabajo para todos. Claro, es la consecuencia obvia de un mundo completamente desigual. Según el informe de Oxfam, el 30% de los africanos más ricos, cuya riqueza se valora en 500 mil millones de dólares, evaden su riqueza a paraísos fiscales. Así, pues, esto hace que el continente sufra una pérdida estimada en 14 mil millones de dólares al año, suficiente para cubrir la atención sanitaria que podría salvar la vida de cuatro millones de niños y niñas y contratar profesores como para poder escolarizar al país entero. Y como este ejemplo podríamos hablar de casi todos los países del mundo.

En la misma línea, Oxfam también hace alusión a la desigualdad que hay en España, según la organización, es el país más desigual de la OCDE. Y es que hemos superado a Grecia hasta catorce veces, ya que veinte personas en España tienen tanto dinero como el 30% de la población

Según Sean Cleary hay muchos huecos en la ley y eso favorece que las empresas puedan moverse libremente por paraísos fiscales

Sean Cleary es director general del Center For Advanced Governance, presidente de la empresa Strategic Concept y vicepresidente ejecutivo de la Future World Foundation, así como también asesor estratégico del Foro Económico Mundial. Según Cleary hay muchos huecos en la ley y eso favorece que las empresas puedan moverse libremente por paraísos fiscales, de ahí la conocida frase de Warren Buffet, multimillonario de EEUU, donde declara que él paga menos impuestos que su secretaria. El problema es la ambigüedad de la ley, ya que aquel que sabe cómo evadir impuestos puede moverse con total libertad y jugar con los paraísos fiscales. Claro que esto se debe a que tenemos un sistema judicial, económico y social hecho y concebido para los ricos.  Y hablo de los ricos de verdad.

La dirección en la que vamos es insostenible, no lo digo yo, lo dicen los expertos. La mayoría se impondrá, poco a poco, frente a la minoría, y aunque la perfección no existe, este sistema corrompido no puede durar siglos, es completamente un juego contra natura. Necesitamos medidas avanzadas, acordes a nuestro tiempo y a nuestros cambios, estamos acostumbrados a hablar de comunismo o capitalismo, basarnos en autores que han muerto y en teorías fallidas en la práctica (si es que alguna vez se han llevado a la realidad, aunque esto es otro tema) no conviene a ninguno de los presentes. 

La teoría del bien común

Para empezar, debemos entender qué es la teoría del bien común y no es otra que aquella que promulga como valores principales y contables (y no el dinero) aquellos que en nuestro sistema desigual se han olvidado, como por ejemplo: confianza, solidaridad, responsabilidad, cooperación, generosidad o la sostenibilidad ecológica. 

Christian Felber, en su entrevista con Iñaki Gabilondo, la cual recomiendo sin lugar a dudas, habla de que estamos acostumbrados a considerar el dinero como el fin de todos los medios y no el medio para conseguir el fin y ese fin es el bien común. Habla de que estamos viviendo una crisis de valores y de que la mayoría ha perdido el control frente a una minoría que prima, por encima de todo, los beneficios económicos. 

Lo hemos aceptado, incluso apoyado a la hora de tomar posiciones políticas, puesto que no exigimos ni castigamos a aquellos políticos que se han puesto de parte de esa minoría o élite económica. De esta manera, Christian Felber, habla de una auténtica democracia soberana. Hace hincapié en que nuestras libertades individuales están totalmente en peligro ya que no hay límites económicos en esta era neoliberal, de ahí que insista en que la desigualdad no es necesaria e inevitable como nos han inculcado desde que nacimos y ha instaurado ya en más de 200 empresas el balance del bien común, las cuales se han ofrecido voluntarias. ¿En qué consiste?

Christian Felber habla de una auténtica democracia soberana. Hace hincapié en que nuestras libertades individuales están totalmente en peligro ya que no hay límites económicos en esta era neoliberal

Explica que igual que medimos con parámetros contables al dinero, también lo podemos hacer con otros valores, ya que según este ilustrador de ideas, o así al menos se define el propio Felber, el dinero no es un valor real, debemos hacerlo con valores reales, como son el cuidado del medio ambiente, el compromiso ético, respetar un mínimo salarial que permita mucho más que vivir para trabajar, la solidaridad y la honestidad de la empresa; parámetros que se contabilizan en una tabla que van desde números negativos hasta positivos. Cuantos más puntos positivos genere una empresa, más beneficios impositivos y de otro tipo podría disfrutar, así lo aclara este profesor de economía, quien propone que el Estado, según este modelo, premie desde un punto de vista económico a aquellas empresas que tengan una puntuación verdaderamente alta. 

De esta forma, la desigualdad económica caería en un porcentaje considerable y se podría conseguir llevar a cabo una verdadera democracia para el pueblo, donde hablar de trabajos de veinte horas a la semana y tener un año sabático después de diez trabajados es totalmente compatible con una economía fuerte a nivel social. Propuestas que van incluidas en la teoría del bien común. 

El problema es lo que hay ahora, donde el Estado ha perdido el control económico dentro de las élites poderosas, beneficiado por un sistema capitalista en pleno apogeo que los demás hemos tenido que asumir sin opción a elegir. ¿O es que nos han dado la oportunidad de decidir democráticamente qué nos beneficia? ¿Nos beneficia este sistema? ¿Seguimos pensando que nos hace libres? No se trata de destruir al capital privado, pero tampoco que el capital privado destruya a la mayoría, y hablo de un capital privado fuerte, perteneciente a una minoría, podríamos hablar de cómo éste corrompe sistemas, como el mediático, el sanitario o el educativo; así como el político, evidentemente. El Estado democrático nace para representarnos, o debería al menos. Ahora, desafortunadamente, hay una desvinculación desde la política con nuestros intereses como ciudadanos, pero ¿hasta donde estamos dispuestos a permitirlo?

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