Quiénes somos y a qué hemos venido

Esta mañana me levanto como todas las mañanas, valga la redundancia. Hago el café y pongo la radio. ¿A ver qué se cuece? Me pregunto. Y, desafortunadamente (y digo desafortunadamente no porque esté fuera de lugar, sino todo lo contrario, por el acierto de poner el foco ahí aunque me pese), el debate central de hoy en La Cafetera de Radiocable, el programa de Fernando Berlín, ha sido la venta de armas que hay en nuestro país y la trágica crisis de los refugiados. Aunque dejemos los eufemismos aparte y llamemos las cosas por su nombre, el drama de miles y miles de personas que están desamparados en un mundo sumergido por valores superficiales y económicos. Y una piensa, ¿qué estamos haciendo mal? ¿Por qué hay tanta insensatez? Hoy tenía que escribir y escribir, sino me marchito como las flores de mi terraza que lucen hermosas ahora con la primavera. Pero, ¡por favor! ¿Qué nos hemos creído? Resulta que ahora somos el séptimo de la lista en la venta de armas. Sí, repito, el séptimo vendedor de armas. Mientras esto ocurre, la UE quiere multarnos por no haber cumplido las expectativas, por lo visto alcanzamos una deuda por encima del 100% del PIB. ¿Y ahora qué señor Rajoy? ¿Dónde quedan esas palabras de que habéis construido una España mejor? ¿Dónde esta la veracidad de vuestros datos? Vergüenza, indignación. No puedo sentir otra cosa.

Lo peor de todo es que miles de personas y NO de refugiados, ya que no están refugiados como tal, se mueren de hambre y de desesperación. Los más pequeños por tener no tienen ni pañales, los adolescentes que empiezan a tomar consciencia no entienden qué hacen allí y el mundo que les rodea y los mayores tienen que luchar cada día para que sus hijos aguanten y mantengan la calma. Claro, todo esto a pesar del frío, del barro y de las inundaciones, por no hablar del abuso de la policía serbia o húngara.

Por último, no quisiera acabar este artículo sin nombrar el TTIP, negociado de puertas para adentro. Menos mal que hay personas que se atreven a subir las Torres Kio de Madrid para alzar el grito. Una desolación si ese acuerdo mísero se llega a firmar. Una tragedia para nuestro medio ambiente. Basta ya. Reciclemos, consumamos pocas bolsas de plástico, utilicemos productos más naturales para la limpieza de nuestros hogares, ahorremos agua, contribuyamos al comercio justo. Se trata de vivir siendo algo consciente, que nadie me venga diciendo que para eso hace falta irse a un monte y alejarte de la sociedad. Mentira. Podemos vivir en sociedad, sí, pero dando pequeños pasos que a la vez son grandes. Y, sobre todo, el paso más grande: estar informados de las consecuencias de las negociaciones de los altos poderes. Reclamar el NO al acuerdo del TTIP es el mayor paso que podemos dar.

 La pregunta es, ¿a dónde nos lleva todo esto? ¿Qué clase de especie con inteligencia somos? ¿A qué hemos venido? ¿A esto? Quizás debamos pararnos un momento, dejar de dar tantos “me gusta” en Facebook o twittear frases cada cinco minutos. Donemos lo poco que podamos donar, no tiene que ser dinero, la mejor donación es tu tiempo o tu creatividad. En una sola palabra: humanidad.

Gracias

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